La soledad y él… – Final

No hay soledad, que no tenga compañía.

Andando tras tu encuentro...

Pero era su ego
el que aún
en sueños,
dirigía la obra
de manera
tan vivida,
que sucedían
intervalos
en que se
despertaba,
dando órdenes
o señalándole
a alguien imaginario
que debía hacer.

De sus miles
de pensamientos
que cobijaban
su yo impenetrable,
su mente repetía
cada noche,
obras del pasado
llevándolo
por caminos
que no lo llevaban
a ningún lugar.

Solo aprovechaba
quizás su enfermedad,
para apoderarse
de su cuerpo y alma,
cada noche llevándolo
a su oscuro mundo
de pesadillas,
sobreviviendo en
un mundo circular,
en que al despertar
un cansancio
extremo lo acosaba.


Así se lamentaba
que su memoria corta
no aprisionara
cada argumento
de sus sueños,
para encontrar
la interpretación
de lo que le pasaba.

Su memoria se abstrajo
ya no le permitió
escapar de tal maraña
recurrente del pasado,
y así entregó dócilmente
su alma ya agobiada
de tanto insomnio,
una noche a leviatán
para dar…

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